Calma

Un insignificante punto se movía en el gran océano de oscuridad. Un objeto apenas perceptible que rompía la tranquilidad y la gran calma del espacio. Los astros, ajenos a todo interés, continuaban su lenta pero constante danza. La inteligencia que habitaba en el objeto recopiló los datos del pasado. Humanos, tierra, vestigios de una civilización perdida. Todos los logros, caídas, sueños y luchas de millones de años de evolución. Ahora, generaciones después, no quedaba nadie en el sistema solar. Ningún rastro de la infinidad de sucesos que la primitiva raza aconteció. Únicamente silencio. La inteligencia del objeto analizó todos los posibles destinos que esta civilización podría haber tomado. Siguió su camino hacia otros sistemas, en busca de una raza ancestral que había construido su legado a través de las estrellas.

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