El cofre

La enfurecida tormenta estaba decidida a destrozar el casco del velero. La última vela que aún sobrevivía a la tempestad se rasgó. La madera crujía salvajemente mientras los restos de la nave trataban de mantenerse en la superficie del mar embravecido.

–¿Por qué haces esto? –gritó el barbudo hombre a la lluvia–. ¡Déjame en paz, maldito!

Como si la tormenta lo escuchase, una nueva ola apareció en el horizonte y con su lenta pero destructora marcha engulló al navío en un abrazo de agua salada. Los restos de la última vela se perdían en el mar. El hombre trató de agarrarse a la borda mientras respiraba con dificultad después de tragar demasiada agua. Se tambaleó hasta que pudo descansar varios segundos observando como la tormenta parecía no tener fin.

«Una ola más como esa y estoy perdido».

El cielo gris y la incesante lluvia amenazaban con destruir su navío y la niebla apenas ofrecía visión a pocos metros. Cuando el hombre por fin pudo erguirse, se dirigió a la otra punta del barco. El casco de popa estaba prácticamente destruido y el rugido del agua chocando contra él eclipsaba el sonido de sus pisadas. Pero las posesiones que había robado en la costa seguían en sus respectivos cofres y bolsas. Bienes y pequeños tesoros de gente humilde y pobre que había saqueado antes de embarcarse en el mar.

«Con esto tendré suficiente para sobrevivir unos cuantos meses. Si sobrevivo a esta maldita tormenta, claro».

El mar rugió de nuevo, dispuesto a engullir definitivamente a su presa.

–¡No! ¡Otra vez no! ¡Basta! ¡Olvídame! ¡Déjame partir en paz!

Esta vez, la tormenta no escuchó sus palabras y una nueva ola, aún más grande que la anterior, apareció en el horizonte de proa. Unas furiosas gotas empaparon la barba del hombre, en presagio a lo que se avecinaba. Desesperado, miró todos los cofres y bolsas de los que disponía y justo en ese momento se dio cuenta de lo pobre que era. En pocos segundos, recordó a toda aquella gente a la que había robado en pos de su riqueza y avaricia personal. Sintió vergüenza.

–¡Está bien! ¡Está bien! –dijo andando con dificultad hacia la proa. Su voz apenas era audible en aquel caos–. ¡Lo he comprendido! ¡He comprendido mi error! ¡Dame una segunda oportunidad!

El mar seguía avanzando con furia hacia el casco del navío y el hombre barbudo se arrodilló ante su inevitable perdición.

–¡He abierto los ojos! Por favor… Ahora me doy cuenta. ¡Posiblemente sea muy tarde para darme cuenta pero lo entiendo! ¡La verdadera riqueza no se encuentra en nuestro bolsillo! ¡Por favor, ten piedad!

La ola de la tormenta no le hizo ningún caso y se acercó aún con más ahínco hacia su presa, tragando literalmente el navío y al hombre barbudo en una batalla de agua, madera y viento.

Horas después, el hombre barbudo despertó con el sabor de la arena y el agua salada. Cuando abrió los ojos, no pudo ver más que playa y árboles tropicales. Al levantarse y conseguir erguirse, exploró la isla y no encontró huellas humanas. Había naufragado en una isla desierta. Poco después volvió al lugar donde se había despertado y advirtió un objeto siendo arrastrado hacia la orilla. Se dirigió hacia él y lo cogió con ambas manos. Lo reconoció como suyo nada más verlo, se trataba de uno de los cofres más valiosos que había cargado en el barco. Contenía monedas de oro, varias joyas de herencias familiares y cubertería de plata. Se quedó mirando el cofre cerrado y lo volvió a lanzar al mar, esperando que la corriente lo hiciera desaparecer, junto a sus ricas pertenencias. El hombre barbudo se adentró en la selva, sonriendo por lo que acababa de hacer. Había ganado su segunda oportunidad.

Varios días después y a muchos kilómetros de allí, casi en alta mar, la cerradura del cofre cedió. Estaba vacío.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s