Autómatas

Tus pupilas se dilatan. Ignoro si es un acto reflejo o una atracción verdadera. Me siento delante de ti y no pestañeo, a la espera de alguna reacción por tu parte. Nuestras miradas se cruzan durante segundos, durante minutos. Intento descifrar si alguno de tus nimios gestos no son más que una reacción física por tu parte. Necesito la química que tanto nos hizo funcionar en el principio. ¿Qué es lo que estás mirando? ¿A mí, al vacío? ¿Qué esperas que haga? Los segundos siguen pasando y me niego a mostrar ninguna reacción por mi parte. Quiero que respondas a mi mirada, a la dilatación de mis pupilas, a mi deseo obsesivo de que muevas un solo músculo. Te contemplo y no me percato de que estás esperando lo mismo que yo. Sin darnos cuenta, nuestra dependencia nos ha convertido en autómatas.

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