Lluvia

Cuatro paredes y lluvia interminable. El agua recorría los cristales de las ventanas como si fueran pequeñas cascadas, desapareciendo debajo de la repisa con un goteo constante y un ruido delicioso. La primera vez que entraste por aquella puerta no me había imaginado que esta habitación sería el único lugar en el que iba a querer estar. La pequeña niebla que venía del norte pronto se transformó en una tormenta, la cual no dejó de traer lluvia y más lluvia. Pero tú permanecías allí. El mundo desaparecía lentamente y yo lo ignoraba. El último día, ni siquiera era capaz de ver la calle de debajo de aquella habitación. El agua entraba por debajo de la puerta, las goteras se convertían en pequeños ríos improvisados y ráfagas de lluvia y viento rompieron las ventanas, salpicando nuestros cuerpos. La habitación pronto desapareció entre el agua. Pero nuestros labios permanecieron sellados entre besos con sabor a lluvia.

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