Colapso

Números interminables en las pantallas moviéndose a una velocidad vertiginosa. Remolinos de datos que el ojo humano apenas era capaz de procesar. Voces mezclándose entre lluvias de papeles y marquesinas con números rojos.

El hombre de traje impecable paseaba pacientemente entre un mar de nervios y gritos sin sentido. Los papeles volaban a su alrededor mientras él se dirigía con paso firme hacia la terminal del fondo de la gran sala. Los hombres de negocios seguían con su habitual discurso fatalista.

—Esto no para de caer, ¡joder! ¿Qué está pasando aquí?
—¿Dónde están mis acciones? ¡Maldita sea! ¿Dónde está mi dinero?
—¡9 puntos de caída desde ayer! ¿Quién te ha dicho eso?
—Dos bolsas más han cerrado. Están tratando de evitar el colapso total.

Otro paso más del hombre trajeado. Los boletines de noticias informaban de un desastre económico en ciernes mientras titulares sensacionalistas de todo el mundo se echaban la culpa unos a otros, ya fuera por ideología o por razones de política económica.

—Nos confirman que la razón de la caída de los precios se debe a una mala gestión del gobierno debido a su gasto desmesurado en política social…
—Siguen llegando voces que apuntan directamente al ministro en un escándalo de…
—¡Corrupto! ¡No es más que un corrupto! ¡Los inversores no se fían más de esta farsa!
—Si el crédito a las familias no se hubiese disparado tanto…

El hombre trajeado volvió a dar otro paso hacia la terminal. Varios apagones en grandes ciudades de todo el mundo. Las huelgas generales habían desatado disturbios por las calles y comenzaban los saqueos. Twitter se llenaba de mensajes en tiempo real con fotos y vídeos de la polícia cargando contra los manifestantes.

Un paso más. Las luces de la gran sala se apagaron y un grito uniforme de sorpresa llegó por todos los rincones. La cobertura de los móviles era nula y las conexiones ya eran historia. Pocos segundos después, los hombres de negocios callaban casi a la vez. La única luz de la gran sala, a excepción de las luces de emergencia, provenía de la terminal a la que se dirigía el hombre trajeado. Nadie hablaba, solo observaban a aquel misterioso hombre. Metió su mano en un bolsillo interior de la chaqueta y extrajo una llave que introdujo en la terminal. Giró la llave y pulsó varias teclas. Sin más dilación, el hombre marchó por donde había venido.

Poco después, la gran sala volvió a encenderse. Los ordenadores arrancaban de nuevo, las marquesinas con números rojos ahora también mostraban números verdes, se volvían a hacer llamadas. Las noticias de todo el mundo hablaban sobre el reinicio de las comunicaciones y el restablecimiento de los servicios básicos. La economía volvía a fluir y los ahorros de los accionistas volvían a pisar suelo seguro. El colapso se había evitado.

La llave del hombre trajeado se encontró en un charco de lluvia pocos días después. Era una llave de un solo uso. Jamás se volvería a utilizar.

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