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Una pieza más de un engranaje que no funcionaba. Él ya llevaba años sin producir para el sistema. Parado, inactivo, apartado. Todos los días salía de su apartamento en el centro de la ciudad para tener contacto con la realidad. Mientras bajaba en el ascensor del edificio, escuchaba la radio. Cuando pedía un capuchino en el bar de la esquina, ojeaba las diferentes noticias que la aplicación del móvil había personalizado para él. Al sentarse en el parque a tomar el sol, leía el último número de su revista económica preferida.

Antes de que su mujer llegara de trabajar, volvía al apartamento y encendía la televisión. Le maravillaban todos aquellos números verdes bailando en la pantalla. Cifras económicas optimistas, un futuro brillante para los jóvenes, la última reforma exitosa. Exactamente lo que los medios llevaban diciéndole todo el día. El país iba bien, la economía aún mejor. Pronto volvería a ser aquel engranaje tan necesario para la sociedad.

—¿Ya estás viendo esa porquería? —le decía su mujer al volver del trabajo. Se refería al debate económico televisivo de todas las tardes.
—No es ninguna porquería. Los números son realmente buenos. Seguro que salimos de ésta en muy poco tiempo.

Su mujer estaba cansada de discutir por algo que sin ninguna duda les había hecho un daño enorme, pero él estaba cada vez más sumido en aquella fuente de información. Necesitaba beber del optimismo de las cifras como el aire que respiraba. Necesitaba explicarlo todo con una razón objetiva y desinteresada. Después de un silencio de varios minutos, ella dijo:

—Me han bajado el sueldo.
—Eso seguro que es debido a la flexibilidad temporal que permite…
—¿Escuchas algo de lo que te digo?
—Solo es cuestión de tiempo. Es una reforma necesaria que todos…

Su mujer salió de la sala sin querer oír nada más. La televisión seguía sonando y los expertos opinaban sobre la nueva reforma que iba a traer más flexibilidad al mercado. Era un paso necesario para poder recuperar derechos en un futuro. ¡Tenía tanta lógica! ¡No era posible que todos los expertos se equivocaran! ¿Por qué ella no quería entenderlo? Había que pensar en el bien común.

Meses después, él siguió bajando al mismo parque. En el camino, le pareció ver a más gente pidiendo dinero por la calle y recordaba las plazas algo mejor conservadas, pero creyó que no eran más que ilusiones de un pasado borroso. Hacía varias semanas que su mujer le había dejado. Ahora vivía del poco dinero que sus padres tenían ahorrado puesto que las prestaciones por desempleo habían desaparecido completamente. Gracias a gente como él, la recesión no había provocado una alteración en el orden. ¡Menos mal! Porque todo iba mejor cada día, las cifras seguían en verde y las reformas funcionaban. Abrió el último número de la revista económica y sin dudarlo, se metió su dosis diaria.

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