Génesis (capítulo 3)

La gran proyección del mundo de Génesis seguía irradiando su particular color azulado, reflejándose en las paredes de metal de la nave. Sería una bella estampa, pensó el embajador, si dos cadáveres de los miembros de la expedición no estuvieran desangrándose en el frío suelo.

El embajador se apresuró a protegerse en una de las mamparas que encontró cerca de él. Aunque tenía formación militar, sus labores políticas y su trabajo de despacho le habían convertido en un hombre acomodado y falto de resistencia física. Mientras comprobaba que ningún disparo le hubiese alcanzado, y que todas las funciones de su traje respondían correctamente, agudizó su sentido auditivo. Zack parecía estar caminando de un lado a otro del puente de mando.

¿Qué estaría haciendo ese maldito loco? ¿Por qué no acababa con él? Es cierto que toda esta misión fue sospechosa desde un principio, pero se aseguró de acallar esa voz interior, la cual muchas veces no hace sino arrojar una luz de sabiduría que la propia mente consciente se niega a aceptar. Medio millón de créditos era un pago demasiado alto para una expedición imperial tan sencilla, incluso para estudiar un navío que no tiene fecha de registro, y no recordaba haber visto ningún sello imperial en ninguna misión con una naturaleza parecida. Los sellos imperiales estaban reservados comúnmente a labores de diplomacia en momentos críticos, operaciones extraoficiales y acciones militares importantes. El embajador no podía creer que un pago de cinco ceros no le haya dejado ver que aquí había gato encerrado; demasiados años de obedecer a funcionarios superiores, demasiados años de no cuestionar nada en su pequeña burbuja de privilegios. El pago no era más que un intento por no preguntar demasiado, y funcionó. A su vez, se dio cuenta de que la solicitud de Zack para incorporarse al equipo, o como quiera que se llamase, había sido manipulada. Aquello significaba que trabajaba para el gabinete del emperador, directa o indirectamente.

Ninguno de estos pensamientos tenía utilidad en ese momento, así que el embajador echó un último vistazo al holograma antes de moverse nuevamente. Observó la esfera; tantos detalles, tanta agua, tanta belleza. Había alguien que estaba dispuesto a conspirar para hacerse con esta información, y esa persona no era alguien a quien convenía contradecir.

«Parece que no eres solo una leyenda al fin y al cabo», pensó sin apartar la mirada de su superficie.

Aprovechando que Zack se encontraba en el rincón opuesto del puente de mando, el embajador consiguió arrastrarse hasta el cadáver del historiador. Extrajo toda la información que su IA había analizado y almacenado. Es posible que no entendiera nada, pero sus dos compañeros habían muerto por ello. Intentó comunicarse con la nave de partida, pero todas las comunicaciones estaban siendo bloqueadas. Hackear el sistema imperial era algo de gran dificultad y comportaba un largo tiempo entre cuatro paredes. Estaba seguro de que Zack estaba recibiendo ayuda del exterior, él solo no podría haber planificado toda la operación.

Esperó varios minutos, se ocultó entre toda la maquinaria del enorme puente de mando, cambió de posición, intentó confundir a su enemigo. Pero este parecía no estar mínimamente interesado en él. Todo cambió cuando se encontraron en un pasillo libre de obstáculos. Ambos quedaron mirándose a través de los cascos del traje durante varios segundos y respondieron a la vez. Forcejearon intentando evitar que cualquiera de las armas fuera disparada, aunque varias descargas rebotaron en el suelo y en el techo con un gran estruendo. El embajador podría no estar en forma, pero era un hombre grande, y aún conservaba la fuerza de su pasado militar. Propinó un puñetazo en el casco de Zack, que se rompió parcialmente, y otro, y otro. El último de ellos hizo que se golpeara contra una pared del pasillo y fue en ese momento cuando aprovechó para agarrar su cuello desde detrás con ambos brazos.

—¿Qué has hecho, desgraciado?

Zack intentó responder, pero no pudo. Los fuertes brazos de su enemigo le impedían el paso del aire. En su defecto, señaló a Génesis. El embajador no entendió lo que quería decir, hasta que su dedo señaló a varios sitios más. Pudo ver varios dispositivos ubicados aquí y allá. Dirigió sus ojos de nuevo, esta vez con la vista amplificada por el traje, al holograma. El mismo dispositivo, emplazado a un lado del pedestal; tenía que haberlo colocado cuando toda la expedición estaba analizándolo después del encendido. Ese canalla lo tenía todo pensado. Eran explosivos de gran alcance y si solo uno de ellos explotaba, crearía una reacción en cadena que haría estallar toda la nave.

El traje del embajador registró un aumento repentino de las pulsaciones. Su mente funcionaba a la velocidad de la luz. Golpeó la cabeza de Zack contra la pared y este cayó al suelo inconsciente. Corrió hasta la puerta del puente de mando y volvió hasta el punto de inicio de la expedición, pero era demasiado tarde. No había tiempo para desactivar todos los explosivos, y tampoco lo había para enviar un rescate. Es más, puede que el transporte imperial que tenía que recogerlos también estuviera participando en la conspiración.

Intentó comunicarse con alguien. El bloqueo seguía en pie y la información que había recopilado del análisis de la IA no podía atravesarlo. Pasó los pocos segundos que le quedaban analizando todos los datos e intentando enviarlos fuera de aquella maldita nave.

«Vamos, vamos, una señal, algo. ¡Algo!».

Poco después, a varios miles de kilómetros de distancia, una enorme bola de luz pudo verse desde el puente del transporte imperial. La nave y todos los que permanecían en el interior, junto con el holograma de Génesis, habían dejado de existir.

Mucho tiempo después

A varios años luz de distancia de los sucesos de Génesis, un pequeño observatorio sin importancia en una colonia imperial descifró un mensaje de voz inquietante, que contenía a su vez una gran cantidad de datos. El mensaje parecía estar cifrado y contenía múltiples interferencias que fueron depuradas durante meses. Finalmente, el pequeño equipo pudo limpiarlo todo lo humanamente posible hasta hacer posible la escucha del mensaje de voz y la lectura de los datos.

«Me llamo Marcus, soy un embajador imperial con número de registro 1449 del sector 7-B. Por favor, alguien tiene que saberlo. Fui el líder de una expedición a una nave ancestral que vagaba sin rumbo por el espacio y completamente abandonada. Todo iba bien hasta que… Hasta que encendimos aquel holograma. Por favor, esto no es una broma. El holograma contiene una representación a gran escala del planeta Génesis. Uno de mis compañeros, un historiador imperial, analizó toda la información y la recopiló en su base de datos, que estoy mandando con este mensaje. Él está muerto, como lo estaré yo en pocos segundos.

Según la IA, la representación de Génesis en el holograma coincide casi en su totalidad: los continentes, los mares, los polos, las islas, casi todo coincide a la perfección. No solo eso, el holograma contenía información adicional sobre este mundo. La nave ancestral parece ser que fue una de las primeras que se adentró en espacio profundo. Creo que sabían que nunca más iban a volver, así que guardaron toda su historia y una representación de su planeta natal en forma de holograma. Desconozco cuál fue el paradero de su tripulación, pero la nave siguió viajando en piloto automático durante miles de años.

Toda la filosofía del imperio es una mentira. Toda nuestra historia está manipulada. Estos datos contienen la verdad. La humanidad no nació en nuestra capital actual, el Imperio no fue el primero que alcanzó las estrellas. La vida ya existía en nuestros mundos antes de su creación. La vida se originó en Génesis, somos los hijos de aquellos aventureros que se esparcieron por las estrellas en naves como esta.

Y, por eso, el emperador y todo su séquito han mandado asesinar a mis dos compañeros y el traidor ha colocado cargas explosivas en la nave para destruirla. Estaba todo planeado. Si toda esta información, si todos los datos que envío junto con mi voz llegan a alguna parte del imperio y salen a la luz, todos sus pilares de mentiras se derrumbarán como un castillo de naipes. Su poder y su justificación no se sustentarán.

Algunas fuentes llaman a Génesis con otro nombre: Tierra. Nuestros antepasados hicieron todo lo posible para conservar una imagen de nuestro mundo de origen, incluso a cientos de años luz de distancia. Creo que deberíamos honrarlos con la verdad. Por favor, que alguien…»

No había más. El observatorio que recibió el mensaje no informó a las autoridades imperiales pertinentes. Aún se conserva, a la espera de decidir qué hacer con él.

Publicado por Aitor Morgado

Autor de "Escudo de Tinta" y "Buscando a Atlas". Soy escritor desde hace muchos años y me apasionan las letras. Adoro leer y escribir. También soy Técnico Superior en Comercio Internacional y Técnico Superior en Administración y Finanzas. Me interesa la literatura, la historia, la filosofía, la mitología, los idiomas, la economía, la política, el desarrollo sostenible y un largo etcétera.

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