Bandera blanca

Despídete.
Súbete al coche,
pisa el acelerador
y alza tu mano al viento.

Acelera y no pares,
que los edificios desaparezcan,
que el paisaje cambie,
que la luz del día termine,
pero sigue acelerando.

Sigue,
continúa,
ondea la bandera blanca,
hoy tienes derecho a rendirte,
mañana tendrás derecho a enfadarte,
pasado tendrás derecho a llorar.

Y cuando el coche pare
y acabes en mitad del camino,
gritarás,
chillarás,
golpearás el capó
y dirás: ¡Me rindo!

Ondea tu bandera blanca
y ríndete con orgullo.

Solo los valientes se rinden
para resurgir más fuertes.
Solo los valientes se rinden
para luchar otro día.
Solo los valientes
admiten hoy la derrota.

Ondea tu bandera blanca
pero regresa,
vuelve,
te estaré esperando.

Recuerdo

Recuérdame,
cuando camines entre las brasas,
cuando corras entre la hierba
y el aire del desierto te queme
o la brisa del otoño te apacigüe.

Recuérdame,
en tu batalla más peligrosa,
y en la paz de tu victoria.
En tu sonrisa más sincera
y en tus lágrimas más inesperadas.

Levanta tu mirada,
frota tus ojos,
y despeja tu cabeza.

No me recuerdes más,
porque entre las brasas y la hierba,
entre el aire caliente y la brisa,
en batalla y en paz,
en tu sonrisa y en tus lágrimas,
yo nunca me fui de tu lado.

Canto a la luna

Nací bajo la luna,
criado en su reflejo,
moldeado por su destello,
forjado por su abrazo.

Mi luz en la noche,
mi guía en la oscuridad,
mi sombra en el desierto,
mi hoguera en la montaña.

Tu palabra,
el bien y el mal,
tu consejo,
mis designios,
tu luz,
mi aire.

¿Dónde estás?
Muéstrate,
ya no te puedo ver.

Mi noche
jamás ha sido
tan oscura,
tan fría,
tan silenciosa.

Nada soy sin tu luz.
Nada quiero sin tu compañía.
¿Dónde estás?
¿Por qué me abandonaste?

Nací bajo la luna
y moriré sin ella.

Piloto automático

Primera salida a la derecha,
cambiar los torpes pasos,
girar la vida en otro sentido,
caminar por la misma carretera.

Segunda salida a la izquierda,
rayos de sol cegando el rostro,
promesas de novedad,
caminando por la misma carretera.

Última salida,
la carretera acaba allí
y otra empieza.

El pasado se desvanece,
abrazo al libre albedrío,
carretera de elección propia,
voluntad,
decisión
y futuro.

Pero el piloto automático
nunca se apagó.

Producto

Calles que se cruzan y revuelven,
ciudades que laten sin pausa,
organismos de cemento,
con criaturas sin rostro
reflejándose en escaparates
allá donde la vista alcanza.

Anuncios luminosos,
publicidad totalitaria
que compra el miedo,
importa felicidad,
adquiere el propósito,
define el futuro.

Eres un producto,
una etiqueta,
factura,
un número más
en un enorme cuaderno
que no tiene título.

Estás a la venta
y tú ni siquiera lo sabes.