Juventud

Espero al final de la escalera,
sabes quién soy,
sabes lo que quiero,
diría que estás perdida,
pero la perdición
ya nos alcanzó a ambos
y forjamos nuestras almas
en el fragor de la batalla
deteniendo mareas
y derritiendo soles.

Conozco todo sobre tu dolor
y el dolor nos conoció hace ya mucho.
Por eso sigues caminando
subiendo la escalera,
lo llamas amor,
quizás no son más que reminiscencias
de una juventud idealizada,
de sueños quebrados,
de esperanzas humilladas.

Espero al final de la escalera,
escuchando tus pasos
mientras el cielo calla
y los elementos se detienen.
El tiempo se congela,
los segundos nos obedecen,
y aunque conozcamos el dolor,
aunque esperemos la desdicha,
tú me ves
y yo te veo
más de lo que nadie
nos ha visto jamás.

Camino por el borde del edificio,
tus pasos me siguen,
nuestros instintos sonríen
y yo me lanzo al vacío
pero la gravedad
queda a mi merced
y sigo caminando.

Con un gesto de mi mano
y una mirada de deseo
te invito a que me sigas.

Solo en este vacío
fuera de cualquier escalera,
fuera de cualquier edificio,
en contra de los elementos
y en contra de la gravedad
cualquier odio se disipa.

Solo en este vacío
vuelven los sueños,
vuelve la esperanza.

Volvemos a ser jóvenes
porque intentaron que no lo fuéramos,
porque nunca dejamos de serlo.

Pilares de barro

Vuela alto,
vuela conmigo
y observa.

Aquella criatura tan frágil,
llamada ser humano
alzando su mano al cielo,
construyendo su imperio en la tierra.

Pilares de barro y fango,
adorando al sol y a las estrellas,
desde los desiertos más inhóspitos
hasta las cumbres más heladas.

Cuando la última luz del día desaparece,
aquellos pájaros sin alas
claman su deseo de volar,
mas la noche llega
y su imperio de fango
sobrevive un día más.

Vuela conmigo,
vuela alto,
abre tus alas al sol
y derriba tus pilares de barro.

Hagamos que nuestra sombra
permanezca para siempre
en este mundo mortecino.

Anhelo

Me detuve
en el anhelo de querer amarte,
sintiendo que no quería tu todo,
únicamente
aquella mitad que yo necesitaba.

Porque solo deseaba
parar el tiempo y dejar de correr,
evitar abrir esa puerta
en la que me brindases todo tu ser,
alejarme de ese momento
en que la novedad envejece
y la vejez se convierte
en una prisión
de sentimientos contradictorios.

Sí, yo te quería.
Te quería como el primer hombre
que observó las estrellas,
deseando llegar a ellas
y amando su luz,
pero que nunca jamás
despegó sus pies de la tierra.

Labios sellados

Habla tu mirada
y gritan tus ojos,
pero callan tus labios
y permanecen sellados.

Quiero escuchar tu voz,
que rías conmigo,
o que llores en mi hombro.

Habla,
grita,
ama,
odia,
¡pero reacciona!

Te veo en tu mirada,
te conozco en tus ojos.
Estás ahí,
sé que estás.

No puedes engañarme más,
no necesitas engañarte más,
porque he visto tus ojos,
un fugaz destello,
un imperceptible movimiento.

Sé que tienes miedo
y que te asalta la duda,
las cadenas son difíciles de quebrar,
y más aún
que su opinión deje de importar.

Habla tu mirada
y gritan tus ojos.
Tus labios siguen sellados
y el mundo ha ganado.

Bandera blanca

Despídete.
Súbete al coche,
pisa el acelerador
y alza tu mano al viento.

Acelera y no pares,
que los edificios desaparezcan,
que el paisaje cambie,
que la luz del día termine,
pero sigue acelerando.

Sigue,
continúa,
ondea la bandera blanca,
hoy tienes derecho a rendirte,
mañana tendrás derecho a enfadarte,
pasado tendrás derecho a llorar.

Y cuando el coche pare
y acabes en mitad del camino,
gritarás,
chillarás,
golpearás el capó
y dirás: ¡Me rindo!

Ondea tu bandera blanca
y ríndete con orgullo.

Solo los valientes se rinden
para resurgir más fuertes.
Solo los valientes se rinden
para luchar otro día.
Solo los valientes
admiten hoy la derrota.

Ondea tu bandera blanca
pero regresa,
vuelve,
te estaré esperando.