Elementos

Me senté frente al mar. Las olas estaban demasiado calmadas, el viento apenas soplaba y no se veía ninguna nube en esa noche tan espléndida. La arena de la playa estaba templada y nadie amenazaba mi particular tranquilidad.

Así que decidí cambiar todo eso y comencé a alterar mi entorno. Usé mis poderes para dibujar la naturaleza a mi antojo. Creé olas de cinco metros, un viento atronador que lo cubrió todo bajo una tormenta de arena y de un cielo despejado apareció una tormenta terrible. Los elementos me cubrieron y danzaron a mi alrededor.

—Así está mejor.

Retroceder

Los veía cada día. Grupos interminables de personas andando por el camino con paso firme, pero sin demasiada prisa. Avanzando por el camino asfaltado con la cabeza cabizbaja y los sentidos apagados. Nunca pude ver cuál era su destino pero aquellos individuos me suscitaban curiosidad y envidia, a pesar de sus infelices caras. Mientras yo miraba desde mi ventana acompañado de los míos, aquellas mujeres y aquellos hombres me señalaban con el dedo por no moverme.

Un día, salí con ellos y agaché mi cabeza. Ya era parte de la manada. Seguía sin ver el final del camino, el destino de aquel grupo, pero ya era irrelevante. A pesar de haber dejado atrás a los míos, ellos ya no me señalaron nunca más.

La escalera

El edificio parecía más pequeño por fuera. Nada más abrir la puerta, no encontré otra cosa que una gran escalera ascendiendo hasta un techo al que la vista no llegaba. Subí las escaleras sin pausa. Cada peldaño que tomaba se traducía en una meta de mi vida. Algo me decía que podía detenerme en uno de esos peldaños a saborear cada uno de esos momentos, pero me negaba. Quería más, era adictivo. Más metas a cumplir, más objetivos. Mis pies no paraban, ascendían por la escalera cada vez más rápido y yo intentaba encontrar el peldaño definitivo en el cual estaría completamente satisfecho. Aquel peldaño en el que yo tendría el control, en el que no necesitaría más para poder saborear la completa felicidad.

Soy un necio. No importa cuántos peldaños subiera, siempre habría otro más. Siempre habría una razón para la insatisfacción. Ambición, control, felicidad. Debería haber comprendido al abrir la puerta que esta escalera no tiene fin.

Monosílabo

Persona 1 está escribiendo un mensaje…
Persona 2 responde con un monosílabo.
Persona 1 está escribiendo un mensaje…
Persona 2 recibe un mensaje y vuelve a responder con otro monosílabo.

Persona 1 escribe dos páginas de texto y envía el mensaje a persona 2, quien no responde durante una semana.
Persona 2 lee el mensaje y esta vez no responde.

Persona 1 se pregunta qué ha hecho mal. Se pregunta qué ha dicho, qué no ha dicho, qué ha podido mejorar, qué ha ignorado.
Persona 2 no dice nada, sigue callada, sigue deseando que vuelva a llegar otro mensaje de persona 1 para poder ignorarlo de nuevo.

Lluvia

Cuatro paredes y lluvia interminable. El agua recorría los cristales de las ventanas como si fueran pequeñas cascadas, desapareciendo debajo de la repisa con un goteo constante y un ruido delicioso. La primera vez que entraste por aquella puerta no me había imaginado que esta habitación sería el único lugar en el que iba a querer estar. La pequeña niebla que venía del norte pronto se transformó en una tormenta, la cual no dejó de traer lluvia y más lluvia. Pero tú permanecías allí. El mundo desaparecía lentamente y yo lo ignoraba. El último día, ni siquiera era capaz de ver la calle de debajo de aquella habitación. El agua entraba por debajo de la puerta, las goteras se convertían en pequeños ríos improvisados y ráfagas de lluvia y viento rompieron las ventanas, salpicando nuestros cuerpos. La habitación pronto desapareció entre el agua. Pero nuestros labios permanecieron sellados entre besos con sabor a lluvia.