Anhelo

Me detuve
en el anhelo de querer amarte,
sintiendo que no quería tu todo,
únicamente
aquella mitad que yo necesitaba.

Porque solo deseaba
parar el tiempo y dejar de correr,
evitar abrir esa puerta
en la que me brindases todo tu ser,
alejarme de ese momento
en que la novedad envejece
y la vejez se convierte
en una prisión
de sentimientos contradictorios.

Sí, yo te quería.
Te quería como el primer hombre
que observó las estrellas,
deseando llegar a ellas
y amando su luz,
pero que nunca jamás
despegó sus pies de la tierra.

Labios sellados

Habla tu mirada
y gritan tus ojos,
pero callan tus labios
y permanecen sellados.

Quiero escuchar tu voz,
que rías conmigo,
o que llores en mi hombro.

Habla,
grita,
ama,
odia,
¡pero reacciona!

Te veo en tu mirada,
te conozco en tus ojos.
Estás ahí,
sé que estás.

No puedes engañarme más,
no necesitas engañarte más,
porque he visto tus ojos,
un fugaz destello,
un imperceptible movimiento.

Sé que tienes miedo
y que te asalta la duda,
las cadenas son difíciles de quebrar,
y más aún
que su opinión deje de importar.

Habla tu mirada
y gritan tus ojos.
Tus labios siguen sellados
y el mundo ha ganado.

Bandera blanca

Despídete.
Súbete al coche,
pisa el acelerador
y alza tu mano al viento.

Acelera y no pares,
que los edificios desaparezcan,
que el paisaje cambie,
que la luz del día termine,
pero sigue acelerando.

Sigue,
continúa,
ondea la bandera blanca,
hoy tienes derecho a rendirte,
mañana tendrás derecho a enfadarte,
pasado tendrás derecho a llorar.

Y cuando el coche pare
y acabes en mitad del camino,
gritarás,
chillarás,
golpearás el capó
y dirás: ¡Me rindo!

Ondea tu bandera blanca
y ríndete con orgullo.

Solo los valientes se rinden
para resurgir más fuertes.
Solo los valientes se rinden
para luchar otro día.
Solo los valientes
admiten hoy la derrota.

Ondea tu bandera blanca
pero regresa,
vuelve,
te estaré esperando.

Recuerdo

Recuérdame,
cuando camines entre las brasas,
cuando corras entre la hierba
y el aire del desierto te queme
o la brisa del otoño te apacigüe.

Recuérdame,
en tu batalla más peligrosa,
y en la paz de tu victoria.
En tu sonrisa más sincera
y en tus lágrimas más inesperadas.

Levanta tu mirada,
frota tus ojos,
y despeja tu cabeza.

No me recuerdes más,
porque entre las brasas y la hierba,
entre el aire caliente y la brisa,
en batalla y en paz,
en tu sonrisa y en tus lágrimas,
yo nunca me fui de tu lado.

Canto a la luna

Nací bajo la luna,
criado en su reflejo,
moldeado por su destello,
forjado por su abrazo.

Mi luz en la noche,
mi guía en la oscuridad,
mi sombra en el desierto,
mi hoguera en la montaña.

Tu palabra,
el bien y el mal,
tu consejo,
mis designios,
tu luz,
mi aire.

¿Dónde estás?
Muéstrate,
ya no te puedo ver.

Mi noche
jamás ha sido
tan oscura,
tan fría,
tan silenciosa.

Nada soy sin tu luz.
Nada quiero sin tu compañía.
¿Dónde estás?
¿Por qué me abandonaste?

Nací bajo la luna
y moriré sin ella.